451 grados fahrenheit es la temperatura a la que arde el papel. Los bomberos como Montag conocen bien este dato porque su labor es reducir a cenizas los libros. Algunos aún están ocultos, guardados por personas que arriesgan mucho.
Es un mundo desolado y triste. Las proyecciones tridimensionales reproducidas continuamente en los hogares han sustituido las relaciones humanas, la sospecha y la delación son la tónica habitual.
Cuando Montag conoce a Clarisse, una muchacha soñadora, empieza a entender sentimientos que le corroen desde hace tiempo, y a comprender que, aunque no todo está en los libros, hay en ellos un último vestigio de resistencia y una pequeña esperanza.
Fahrenheit 451, publicado en 1951, es hoy un clásico imprescindible junto a otras distopías como 1984 de George Orwell o Un mundo feliz de Aldous Huxley.
Su autor Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción más poética, con su prosa tranquila y bellísima, es sin duda uno de los grandes autores del siglo XX.
“Mis melodías y números están aquí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.
Para no estar muerto.”
Prolífico autor de cuentos, entre su producción podemos destacar Crónicas marcianas y El hombre ilustrado, volumen en el que cada noche los tatuajes de un vagabundo cuentan una historia, como la hermosa Calidoscopio, en la que la luz de los astronautas brilla en la noche como las estrellas.
Estos dos libros y mucho más contenido se encuentran en la compilación Ray Bradbury. Cuentos, publicada en octubre de 2025 por Páginas de Espuma con edición de Paul Viejo y traducción de Ce Santiago.
En Crónicas marcianas la colonización de Marte vertebra una serie de relatos escritos durante la década de 1940. Viajes en el espacio, a través de la vida de personas que lo dejan todo atrás. De algunas no se volverá a saber nunca, otras expediciones encontrarán los fantasmas de los que huían. Todas se enfrentan a la soledad y a lo desconocido, a la nostalgia y también al racismo que golpeaba el tiempo en el que se concibieron.
Borges escribió: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías; y de una manera tan íntima?”
